Código QR para el menú del día

El cartel de la puerta se imprime una vez y el menú cambia todas las mañanas. Gratis, sin registro y sin caducidad.

Es el código que más trabaja de un bar: quien pasa por delante a las doce y media está decidiendo dónde come, y decide con lo que puede leer desde la acera.

1. Qué quieres que haga el código

2. Tu código

Rellena los datos y aquí aparecerá tu código.

Tamaño del PNG

El PNG vale para pantallas, redes y papel pequeño. El SVG no pierde calidad por grande que se imprima: es el que hay que mandar a la imprenta para lonas y escaparates.

3. Cómo se ve

Colores
Forma de los puntos
Esquinas grandes
En el centro
Encima y debajo del código

Van en su propia franja, pegadas al código: no tapan ningún módulo. En cada una cabe un texto o tu logo.

Arriba
Abajo
Forma de la imagen
Ajustes finos

El marco vacío no es decoración: es lo que separa el código del resto del cartel. Por debajo de 4 hay lectores que dejan de encontrarlo.

Resistencia a manchas y arañazos

Cómo se hace, paso a paso

El paso dos es el que decide si esto te sirve un día o cinco años.

  1. 1

    Decide dónde vive el menú

    Una página de tu web, un apartado de tu carta digital o incluso una foto de la pizarra subida a algún sitio. Lo único que importa es que la dirección no cambie de un día para otro: lo que cambia es el contenido, no el sitio.

  2. 2

    Pega esa dirección aquí arriba

    Con el https:// delante. El código se dibuja solo mientras escribes, sin botón de generar y sin esperar.

  3. 3

    Imprímelo grande para la puerta

    El del menú no es como el de la mesa: éste se lee desde la acera, con el cliente de pie y a veces cruzando. Mínimo 10 cm de lado, y a la altura de los ojos.

  4. 4

    Y ya sólo cambias el texto cada mañana

    El código impreso no se toca nunca más. Actualizas los platos del día donde los tengas y el cartel de la puerta ya está al día, aunque lleve ahí pegado ocho meses.

Dónde ponerlo

Éste se lee de lejos y de pie, así que va más grande que el de la mesa.

En la puerta y el escaparate

Es su sitio natural: quien pasa por delante a las doce y media está decidiendo dónde come. Un menú que no se puede leer desde fuera es un cliente que sigue andando.

En la pizarra de la acera

Al lado del titular escrito con tiza. La pizarra llama la atención y el código da el detalle: los tres primeros, los tres segundos, el precio y si lleva postre.

En la mesa, junto al de la carta

Con una línea que diga cuál es cuál. Dos códigos iguales sin explicar sólo generan dudas y llamadas al camarero.

En el grupo de WhatsApp del barrio

Muchos bares mandan el menú por WhatsApp cada mañana. Mandando el enlace en vez de una foto, el que lo abre a las dos ve el de hoy y no el de la semana pasada.

Los tres fallos de siempre

Mandar a una foto de la pizarra

Se ve torcida, con reflejos y la letra pequeña no se lee en el móvil. Si no hay más remedio, al menos que sea una foto recta y con luz; pero escribirlo como texto se lee siempre.

Cambiar la dirección cada día

Es el error que mata este código. Si cada día subes el menú a una dirección nueva —menu-lunes, menu-martes—, el QR impreso sigue apuntando al del lunes para siempre. La dirección se queda quieta; lo que cambia es lo que hay dentro.

Olvidarse de quitarlo el fin de semana

Si el sábado no hay menú, que la página lo diga. Un cliente que escanea y ve el menú del viernes entra pidiendo algo que no existe, y eso lo paga el camarero.

Preguntas de hostelero

¿Tengo que hacer un código nuevo cada día?

No, y si alguien te lo dice, no le hagas caso. El código lleva dentro la dirección, no los platos: lo imprimes una vez y cambias el contenido de esa dirección todas las mañanas. El cartel de la puerta te dura años.

No tengo web. ¿Dónde pongo el menú?

Sirve cualquier sitio con una dirección fija: una nota pública, un documento compartido, tu perfil de Google del negocio. Funciona, aunque se ve regular en el móvil. Si el menú del día es parte de cómo vendes, merece una página que se lea bien — es justo lo que hacemos con las cartas digitales.

¿Y si quiero que el mismo código lleve a la carta por la noche?

Eso se puede, y es de lo más útil que hay en un bar: el mismo código de la puerta enseña el menú a mediodía y la carta por la noche, cambiando solo. Hace falta un código dinámico, que es el que lleva dentro una dirección que se puede reapuntar por horas.

¿Cuántos platos pongo?

Los que tengas, pero escritos para leerse en un móvil de pie en la calle: primeros, segundos, postre y precio. Sin párrafos. Quien está mirando el menú desde la acera decide en quince segundos.

El menú del día es el peor enemigo del papel

Ninguna otra parte de la carta cambia tan rápido. Un bar con menú imprime, plastifica o reescribe algo cada mañana, y cada día que se queda sin actualizar es un cliente que pide lo que no hay.

Por eso es el caso donde más se nota una carta digital: escribes los platos desde el móvil detrás de la barra y está puesto en la puerta, en las mesas y en el enlace que mandas al grupo del barrio, a la vez y sin imprimir nada. Así son nuestras cartas digitales.

Y si quieres que el mismo código enseñe el menú a mediodía y la carta por la noche, eso lo hacen los códigos dinámicos, que se pueden programar por horas.

Escribe el menú una vez y que se vea en todas partes

Montamos la carta digital del bar con su apartado de menú del día: lo cambias desde el móvil en la barra y se actualiza en la puerta, en las mesas y en el enlace que mandas por WhatsApp.